La curiosa historia del chico que con 18 años aún toma pecho y duerme con sus padres

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Actualización: Efectivamente, como ya comenta alguien en los comentarios y mucha gente lo hace en Facebook, es un post de broma, cuya intención es mostrar con un personaje llevado al extremo que muchas de las frases que nos dicen a madres y padres rayan lo absurdo. ¡Feliz día de los inocentes!

Se llama Francisco (Francis le llaman) y hace unos días contactó con nosotros para explicarnos que todo lo que vaticinan las amistades, los familiares (habitualmente suegras y cuñadas/os) y los profesionales de la salud a los que llamamos “desactualizados” es cierto.

Después de tantos años diciendo en Bebés y más que no es cierto, que los niños no se acostumbran a los brazos porque en realidad es lo que necesitan desde el primer momento, que no duermen toda la vida con los padres porque al final se van, y que no maman hasta la universidad, Francis pasó ayer por nuestra redacción y nos contó una realidad que muchos padres desconocíamos: la curiosa historia del chico que con 18 años aún toma pecho y duerme con sus padres.

Llegó puntual, tímido, con una gran chaqueta y un jersey que pronto se quitó al ver que el aire acondicionado estaba un poco alto. Así, hasta llegar a su camiseta de Homer Simpson, con la que parecía estar más cómodo. Iba dando sorbos a un recipiente, así que todos pensamos que bebía mate.

La primera sorpresa fue cuando una compañera argentina le preguntó por ello y él dijo que no, que no era mate, que era leche materna extraída, que su madre empezó a hacer un banco de leche para cuando empezara a trabajar a los cuatro meses y que entre una cosa y otra acumuló tanta leche que al “bebé” le duró para meses… luego se acostumbró a la leche materna como tentempié y ahora cada noche María, como se llama su madre, se extrae un par de bolsas para dejárselas a Francis para el día siguiente. Citando sus propias palabras:

Es una rutina para ella, en realidad. Lo hace viendo la tele, mientras acaba de cenar, y aunque le he dicho que ya no me hace falta porque con lo que voy mamando ya es suficiente, dice que así duerme un poco mejor, porque aún hay noches que los pechos le dan pinchazos.

Nos sentamos en una zona con sillones cómodos, para estar todos a gusto, abrimos la aplicación de grabación de audio y empezamos a charlar sobre ello, y sobre el correo que nos envió contándonos esta realidad que desconocíamos, que a veces se cumplen los pronósticos, y es que en ese mail nos dijo que tenía constancia de no ser el único:

Sé que hay más como yo. La gente se lo toma a risa pero en realidad somos muchos los que llegamos a la universidad tomando teta, durmiendo con nuestros padres y deseando que mamá o papá nos den de comer aún con la cuchara. Ahora sé que hay bebés que ya comen solos, pero en nuestra época no era así, y yo tengo serios problemas para comer si no me da mi madre con mi cuchara de Winnie The Pooh.

¿De verdad aún duermes con ellos?

Y la respuesta es sí. Solo hace unos años que descubrió que a eso se le llama ahora “colecho”, y él asegura que le da igual el nombre. Lo hizo de pequeñito porque sentía que necesitaba a su madre por sobre todas las cosas. También acabó sintiendo lo mismo por su padre, así que en realidad ahora no tiene una preferencia clara, porque puede dormir con ambos, pero asegura que se cumplió aquello que su entorno más temía, cuando les avisaban de que era muy peligroso, que podría incluso morir aplastado, y que si dormían con un bebé de meses, luego no podrían sacarlo nunca de su cama:

No me morí. Pero tenían mucha razón, jamás me han podido sacar de la cama, y hasta los días que me voy de fiesta me acabo metiendo en la cama con ellos a dormir. Llego, me pongo en la cama atravesado, como haciendo una H (yo sería el palo del centro, claro, jajaja), y así cada noche. Hay días en que al despertar nos damos cuenta de que le he puesto un pie en la cara a mi padre, o que mi madre está durmiendo en el suelo porque se ha caído y no se ha dado ni cuenta.

¿Y tu madre te sigue dando el pecho?

Una de las preguntas clave. Shakira dijo hace tiempo que tenía la ilusión de dar el pecho hasta que sus hijos fueran a la universidad, probablemente como respuesta a esa pregunta que muchas mujeres han oído “¿Hasta cuándo le vas a dar? Como sigas así le darás hasta que se vaya a la universidad”.

Francis está cursando medicina, así que tiene claro que cuando vaya a estudiar las clases de lactancia materna será de los más expertos, por experiencia propia. Y por supuesto, se cumple el vaticinio: cada mañana, antes de irse a la facultad, mama un rato mientras abraza a su madre y la mira del mismo modo que hacía cuando era pequeño:

Yo hago lo mismo de siempre. La miro desde ahí abajo, enamorado, pestañeando como cuando era bebé, mientras con el dedito voy haciendo tirabuzones con su pelo. A veces se me van los ojos como hacia atrás… no sé si alguna vez has visto a un bebé mamar, pero es muy habitual, y a las madres les flipa mucho. Mi madre aún se ríe cuando lo hago.

Una compañera le pregunta si no le hace daño con los dientes, o si no le pincha con el bigote y la barba, a lo que responde que con los dientes no, que ya apenas no… que cuando era bebé si le pegó algún mordisco, y que ahora aún lo hace a veces porque le está saliendo una muela del juicio. Pero cada vez lo hace menos porque su madre le dice que no, muy seria, mientras le argumenta que le hace daño y que si le muerde le va a hacer pupa. Sobre el bigote y la barba, después de unos segundos pensando afirma que es difícil, porque ella usa pezoneras. Al parecer, tiene frenillo sublingual desde el nacimiento y aún le hace daño al mamar porque no ha conseguido corregir el agarre, y por aquella época había muy poca ayuda con la lactancia.

¿Y por la noche también mamas?, le pregunto:

No, mi madre me ha dicho que por la noche las tetis tienen sueño, y que se van a dormir porque están cansadas. Lo de contarme un cuento relacionado con el tema me ayuda bastante, de hecho. Después de lavarme los dientes me lo va explicando… aunque a menudo me lo leo yo mismo. En dos minutos, de hecho, lo tengo acabado. Total, son 14 páginas a todo color, con mucho dibujo y poca letra.

Pero esto no es todo, como os hemos contado, también va tomando leche de su madre a ratitos, en su recipiente para el mate. Justo vuelve a hacer otra chupadita momentos antes de contarnos que dejó el pañal hace tres años.

El control de esfínteres…

Cuando con tres años la familia vio que Francis aún llevaba pañal empezaron a llegar un montón de consejos y recomendaciones bienintencionadas, y de entre ellas destacó una: “Como no le quites ya el pañal lo vas a tener en el instituto cagándose encima”. Y como si cada una de las frases fueran una premonición, se cumplió el augurio.

Francis dejó el pañal con 15 años, un poco forzado ya por sus “profes”, que consideraban que iba un poco tarde con el tema, cansados/as de tener que seguir teniendo toallitas y pañales de repuesto en clase:

Me decían que estaba fuera de lugar, que ya no tocaba eso. Que no les parecía muy normal eso de tener que cambiarme cada día en clase. Así que mi madre al final tomó cartas en el asunto. Ese verano me dejó en bolas por la casa y al ver por primera vez mi pipí y mis cacas, en medio del pasillo, me di cuenta de que eso lo había hecho yo, y que quizás era mejor no hacérmelo encima.

Un paseo por el parque…

Francis2

Tras esa charla salimos a dar un paseo por los alrededores de la oficina, y allí vimos que Francis se movía como pez en el agua en el parque, con otros niños:

También nos dijeron que como mis padres siempre jugaban conmigo no sabría jugar sin ellos. Pero no es cierto. Aquí me veis en un parque con otros niños y no pasa nada, ¿verdad?

Lo que no esperaba es que nos diéramos cuenta de que segundos después estaba escribiendo por WhatsApp a su madre y su padre para que vinieran con él porque estaba cansado y tenía que volver a casa andando… “Trae la mochila, mamá”, leímos en su móvil. “La ergonómica”, añadió.

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